¿Estamos viviendo la nueva era de la televisión, y el declive del cine?
Brújula 43

¿Estamos viviendo la nueva era de la televisión, y el declive del cine?

Vamos cada vez menos al cine, pero aún así, seguimos consumiendo la misma cantidad de películas que antes. Incluso más. Eso sin mencionar nuestro consumo de contenido televisivo, el cual los últimos años, no para de ganar calidad y repercusión. Lo cual nos lleva a la pregunta: Así como el “video killed the radio star”, ¿ha llegado la televisión a comerse de un bocado a todo aquello que produce el cine?

Cuando el espectador, que no es tonto, pone en la balanza una entrada de cine –de 8 a 10€– contra Netflix. O un paquete de series de cualquier plataforma –entre 5 y 7€–, contra todo el contenido de HBO –por 7,99€–. Su elección parece decantarse del lado más casero, barato y cómodo.

Piénsalo: Una pareja que sale al cine puede pagarse cientos de horas de entretenimiento de calidad durante todo el mes con la entrada de un solo día. Es por ello que resulta lógico y natural que productoras, directores y guionistas se vayan dónde está el público y agraven la herida asestada por esta nueva era de la televisión donde han surgido auténticos fenómenos de masas como Juego de Tronos, solo comparable a la saga del Señor de los Anillos o Star Wars. Otras producciones como Narcos o Black Mirror han calado tanto en la sociedad que son más comentadas que un Barça-Madrid.

Introduciendo expresiones en la calle como “plata o plomo” de un efecto contagioso que no se daba desde los buenos tiempos de Chiquito. Sin embargo, y paradójicamente –por lo menos en España–, la asistencia a salas de cine subió un 8% respecto al mismo período del año anterior. Parece que no está todo perdido para el séptimo arte, porque, al final, la magia de una buena proyección puede salvar a la, quizás, mayor de las manifestaciones del siglo XX.

Porque al final los libros perviven, las visitas a museos perviven, la música –parece que sobrevive–.

¿POR QUÉ NO PUEDE SOBREVIVIR EL CINE EN EL CINE?

No le faltará razón a quien afirme que gran parte del negocio se ha ido ya a la televisión, y ésta ha pasado de ser un cementerio de elefantes y de dar una segunda vida a juguetes rotos y galanes de segunda, a convertirse en el centro del show-business y el place to be para estrellas del cine de ayer y hoy.

El cine sigue ahí, vivo, y es el único espacio artístico donde los Nolan, Scott ó Cameron pueden empuñar sus 70 mm y sus últimos avances tecnológicos

Avances que, por otra parte, solo pueden ser apreciados en grandes salas de proyección. Pues bien, mientras ellos existan, el cine nunca morirá.

Pero no solo gracias a ellos, porque no se puede olvidar también que la condición social del espectador hace que busque experiencias más allá del sofá, que quiera salir a la calle, el “hacer algo el Domingo”.

Y ahí están también los premios. Los Oscar siguen siendo más grandes que los Emmy y en los Globos de Oro se habla más de cine que de televisión, todavía. Y está Cannes, Sundance, San Sebastián. Así que, sí, es cierto que la industria apuesta más por la televisión, pero el glamour sigue estando en las alfombras rojas de las mejores premieres de la gran pantalla.

Y al final las grandes estrellas prefieren el patio de butacas al salón de casa y los jóvenes Stark, Lannister o Targayen ya buscan hacerse un hueco en el star system de Hollywood.