Reglas básicas para sobrevivir a una mudanza
Brújula 43

Reglas básicas para sobrevivir a una mudanza

Hoy es un gran día. Por fin, tras meses de infructuosa búsqueda, de ver pisos alucinantes que ni en sueños podías permitirte, de encontrar gangas que te quitaron de las manos y de recorrer media ciudad en busca de algo habitable… ya tienes la casa de tu vida.

Tu vida. La misma que, calculada en peso, puede alcanzar fácilmente varias toneladas. Maletas llenas de ropa de invierno, maletas ídem de ropa de verano, libros sin leer, libros leídos, libros que no sabes ni de quién son, vajillas como para servir un cátering en el Bernabéu…

La emoción por estrenar el nuevo hogar se te ha esfumado nada más ver la que te espera. Por eso, aquí te damos algunos trucos para intentar (al menos intentarlo) que la mudanza –una de las situaciones que, dicen los psicólogos, más estresan al ser humano– sea lo más agradable posible.

Organiza un mercadillo con tus amigos y familiares

Hazlo bien, con una invitación divertida, un picoteo… y regala sin miedo todo lo que realmente no usas. Ropa, muebles pequeños, libros… Cuando ya se hayan ido cargados, inspecciona todo de nuevo porque seguro que aún sobran cosas que puedes donar. En Madrid, por ejemplo, tuuulibreria.org acepta libros con una sonrisa.

Preocúpate tú mismo de lo que más quieres

Una vez que te has liberado de media tonelada, prepara lo de más valor en cajas y maletas fáciles de llevar y encárgate tú de llevarlo con ayuda de amigos si es necesario. Si tienes que instalarte ya en la nueva casa, no olvides el neceser para no entrar en pánico la primera mañana al levantarte.

No te fíes de quienes se ofrecen a llevarse tu casa entera a precios low cost

Sobre todo si quieres que ese precioso mueble heredado de tu abuela llegue sano y salvo a destino. Otra cosa es que regatees un poco con los elegidos. Sonríe y apura, que eso nunca está de más.

Aprovecha para hacer limpieza

No te empeñes en pensar que la estantería de módulos desencajada que lleva contigo desde que volviste de Erasmus aún aguanta “con un poco de cola”. Tírala.

Y no acumules cajas vacías en la entrada. En cada “viaje” a la calle, baja las que tengas al contenedor de reciclaje y libera espacio.

Aprovecha para cambiar de aires (y de color)

Comprando un mueble que rompa con todo. Un carrito para las bebidas amarillo, una mesa auxiliar rosa o un recibidor dorado. Un poco de alegría, ¿no?

No tires la toalla

Cuando llegues a tu nueva casa, no cierres los ojos ante las cajas y más cajas amontonadas. Remángate sin pensarlo y piensa que el movimiento de brazos tonifica. En un par de horas, con sudor hasta en las pestañas, te darás cuenta de que ha merecido la pena.

¿Va tomando forma? Corre, ve a comprar unas plantas. Llenarán de vida ese “almacén” en las que aún resuena el eco.

No, no cuelgues los cuadros todavía. Invita de nuevo a tus amigos y hazles partícipes de la decoración. De paso te ayudarán a que ninguno quede torcido.

Una lámpara de luz indirecta terminará de dar el primer toque de calidez a la casa. O unas velas. Sí, queda mucho por hacer y ni siquiera tienes cortinas… pero el “efecto hogar” está casi hecho. Disfruta.

¿Preparado para tu próxima mudanza?