¿Por qué nos fascina tener ídolos?
Brújula 43

¿Por qué nos fascina tener ídolos?

¿Quién no tapizó las paredes de su habitación con el grupo pop del momento? ¿Quién no se ha comprado toda la discografía de algún ídolo de masas? ¿Quién no se ha gastado un dineral para asistir al concierto de unos de sus artistas favoritos…

…Lo cual nos lleva a la pregunta: ¿por qué tenemos ídolos?

Una de las razones que nos hacen admirar a otros es que vemos en ellos un reflejo de lo que nos gustaría ser o la vida que nos gustaría llevar, pero también es un impulso cultural que nace de una sociedad que nos inculca a idealizar.

Piénsalo, de pequeños nuestros ídolos eran nuestros padres, abuelos o tíos, personas que nos trataban bien y que nos cuidaban envolviéndolos en un entorno cariñoso y lleno de bienestar.

Conforme pasa el tiempo, nuestra adoración por otros empieza a centrarse en nuestros profesores, aquellos poseedores de la sabiduría y el “reemplazo” de nuestras figuras paternas y maternas.

Hasta aquí todo bien, pero, ¿por qué luego nos obsesionamos con actores y actrices, artistas, equipos de fútbol, atletas o grupos musicales?

Una de las razones, y la primordial, es que encontramos en ellos la vida que nos gustaría tener y aunque muchas veces lo hacemos de una manera saludable que nos empuja a ser mejores personas, muchas otras también nos hace sentirnos cada vez más inseguros.

El motivo es sencillo: hay un 99% de probabilidades de que no lleguemos a ser un atleta de élite o un artista que llene estadios con fans, por lo que eso nos va haciendo una llaga que a la larga, le hará daño a nuestra autoestima. Aunque ojo, admirar es completamente saludable, el problema es cuando empezamos a adorar.

Otra de las razones por la que idealizamos es que buscamos, como seres humanos que somos, desesperadamente personas a las que admirar. Queremos seguir buenos ejemplos y muchas veces nos vemos en una sociedad en la que escasean y por lo tanto, recaemos en aquellas que son más inalcanzables y que nada tienen que ver con nuestras aptitudes o entornos.

Así que antes de desvivirnos por aquellos ídolos inalcanzables, bien vale la pena ver a nuestra propia familia, amigos, compañeros de trabajo y personajes de nuestra sociedad. Probablemente ahí se esconda nuestro próximo ídolo… y quién sabe, a lo mejor es hasta llega a convertirse en nuestro propio héroe personal.