Horrores y amores típicos del verano
Brújula 43

Horrores y amores típicos del verano

“El final del verano llegó y tu partirás. Yo no sé hasta cuando este amor recordarás, pero sé que en mis brazos yo te tuve ayer, eso sí que nunca nunca yo olvidaré”

Así se cerraba el último episodio del Verano Azul, con esta balada repleta de nostalgia que decía adiós al verano. De momento nosotros no le damos el último hasta luego, pero sí que nos podemos preparar para hacer un recuento de todo lo bueno y lo malo que siempre nos deja. Porque entre playas abarrotadas, siestas en hamacas, bañadores mojados y romances fugaces, el verano tiene chicha, tiene flow, tiene muuuucho de dónde rascar.

¡Ay verano, cómo te queremos!

AMORES Y DESAMORES (BUENO Y MALO)

Vamos a ver, que levante la mano quien no se haya enamorado un verano. Raro será este personaje y si existe, no sabe lo que se está perdiendo. Porque no hay nada más bonito, más idílico y más estereotípico que enamorarse en los meses más calurosos del año. Y aunque duela, no hay nada que le saque más callo a nuestro carácter (y nos de alguna que otra historia que contarle a nuestros nietos) que nuestro amor de verano (muchas veces nuestro primer amor) nos rompa el corazón.

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PEOR QUE GUERRA MUNDIAL (MALO)

No hay nada más desesperante que una playa a reventar. Vas tu con tu sombrilla a cuestas, bañador monísimo, lectura especial para pasar las horas tostándote bajo el sol y muchas ganas de darte un clavadazo en el mar. Y… de repente, te encuentras con una playa a rebosar. Los planetas casi nunca se alinean en tu beneficio a la hora de encontrar hueco donde “aparcar” tus horas bajo el sol y casi siempre terminas en la parte más lejana al mar, justo al lado de los servicios. Visto así, ni Brad Pitt en Guerra Mundial Z lo pasó tan mal huyendo de las masas…

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EL DILEMA DEL BAÑADOR MOJADO (MALO)

Lo has logrado, te has bañado (¡por fin, después de tantos meses esperando este momento!) y has disfrutado de lo lindo. Hasta has perdido la cuenta de cuántas horas has pasado a remojo. Ahora viene el problema: tienes que quedarte con el bañador mojado tooooodo el día. O en su defecto, quitártelo haciéndote un taco improvisado con tu toalla para no ahuyentar a media playa con tu exhibicionismo y en cambio, quedarte con un bañador empapadito en tu mochila. El eterno dilema del bañador…

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ESE MOMENTO DE RELAX (BUENÍIIIIISIMO)

No sabes como lo has logrado, no tienes ni idea de cómo has alcanzado este punto de relajación en el cual te has olvidado del teléfono, de los emails, del trabajo pendiente y de todo lo que tienes que hacer cuando regreses a casa. Pero lo has conseguido, has logrado entrar en un trance de relajación que te ha devuelto a la vida. ¿Sabes ese momento cuando te quedas dormido en la playa y todo lo que tienes alrededor desaparece? ¿Te acuerdas de ese momento en el que te empezaste a balancear en una hamaca y lo único que te preocupaba era el escuchar el cantar de los pájaros? Sí sí, ESE es el momento del que hablamos: del relax, el galardón más preciado de una jornada playera y de todo el verano.

COMPARTIR ES VIVIR (LO MEJOR DEL VERANO)

Pero lo mejor de el verano son los momentos que pasas con tus seres queridos. Viajes en coche, largas sobremesas, divertidas jornadas bajo el sol, competencias de clavados, atardeceres en el chiringuito. Al final, lo que cuenta para que el verano mole es que lo disfrutes a la vez que creas recuerdos que te durarán una eternidad, y no hay nada más fácil para hacerlo que con tus seres queridos al lado.

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Ahora, solo queda esperar a que llegue agosto a su fin para volver a la rutina, y aunque no puedas regodearte en la piscina, sí que lo podrás hacer con los recuerdos e historias que has creado y que perdurarán contigo hasta el año siguiente, momento en que crearás más. Y si cabe, mejores.