Dejarlo todo e irse a una cabaña: ellos lo hicieron
Brújula 43

Dejarlo todo e irse a una cabaña: ellos lo hicieron

¿Te acuerdas cuando el sueño de cualquiera era dejarlo todo, buscar una isla paradísiaca y montar un chiringuito? Aquel era el mantra recurrente de muchos cuando la rutina del día a día acababa provocando la necesidad de huir.

Sin embargo, aunque la desidia sigue apareciendo de vez en cuando –si no, no seríamos humanos–, ahora el objetivo es otro: huir al campo y vivir en una cabaña.

El movimiento hipster, el auge de la vuelta a las raíces, la recuperación de las tradiciones de nuestros abuelos e incluso el resurgir de la corriente literaria iniciada por Thoreau y su célebre libro “Walden” (en el que defiende la necesidad de conectar con la naturaleza), han hecho que la vida ermitaña se convierta en el nuevo sueño del urbanita estresado. Algunos incluso han cumplido su quimera. Y tú, ¿te atreves?

Hartwood (Tulum, México)

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Eric Werner y Mya Henry vivían en Nueva York y, aunque solían escaparse a esta zona idílica de la Riviera Maya cada vez que podían, en 2009 se dieron cuenta de que necesitaban más. Necesitaban quedarse. Y eso hicieron.

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Ocho años después, su restaurante Hartwoodtulum, en una cabaña es todo un ejemplo de sostenibilidad: cocinan sin hornos ni freidoras, solo con fuego de leña; no utilizan electricidad (solo tienen un pequeño generador para emergencias) y, sobre todo, son felices.

Stedsans in The Woods (Malmö, Suecia)

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Mette Helbaek y Flemming Hansen no se lanzaron de golpe al bosque. Fueron paso a paso. Primero abrieron Stedsans, un invernadero en una azotea de Copenhague donde aprendieron las posibilidades de la vida 100% ecológica.

Pero, cuando vieron que aquello se les quedaba corto, decidieron emprender una nueva aventura, Stedsans in The Woods. Un concepto de vida en cabañas de madera en pleno bosque en las que todo es 100% sostenible y basado en el autoabastecimiento.

Federica Barbaranelli

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Su tienda en un romántico patio del barrio de Salamanca madrileño, Federica & Co, hizo que descubriéramos su gusto impecable, su pasión por la cocina y su capacidad para dotarlo todo de un espíritu rural chic ahora tan copiado. Sin embargo, lo que muchos no saben es que, tras cerrar sus puertas, Federica decidió mudarse junto a su familia a una casa en el corazón del bosque cántabro.

Por fin, cada uno de ellos, ha cumplido su sueño.