10 locales de Madrid que nunca pasan de moda
Brújula 43

10 locales de Madrid que nunca pasan de moda

A primera vista puede que estos locales no tengan nada que ver uno con otro… pero sí hay algo que los une: cualquiera que haya salido a menudo por Madrid sabrá que son los infalibles de siempre, los bares que, bien a la hora del vermut, para picar algo o para tomar la penúltima, lucen orgullosos la medalla de veteranos más allá de modas. Si hay alguno que no conoces aún… estás tardando en hacerlo.

EL VIAJERO

El viajero es uno de los lugares más emblemáticos de La Latina, y se ha convertido en todo un punto de encuentro desde 1994 y célebre por su bohemia azotea, con unas impresionantes vistas sobre los tejados de esta parte de la ciudad. Pero no solo vive de la azotea, también a pie de calle, se convierte en una imprescindible en los días soleados de invierno.

Su decoración, singular y acogedora, es una mezcla de todo, tirando hacia un vintage castizo y colorista que va totalmente acorde con su público, de lo más variopinto.

CASA ALBERTO

Fundada en 1827, Casa Alberto es uno de los locales más castizos de Madrid. Una antigua taberna del siglo XIX que aún conserva recuerdos de Cervantes, expuestos en la segunda planta del local y ubicado en el corazón del barrio de las Letras.

Por su barra, siempre hasta los topes, pasan croquetas, buñuelos de bacalao, bravas, calamares… y llevan casi 200 años alimentando los fines de semana de vermuteo castizo en el barrio de Huertas.

TUPPERWARE

Auténtico superviviente del barrio de Malasaña, ha logrado hacer frente a la hipsterización del barrio y sigue a su rollo indie, poniendo buena música y uniendo vidas frente a un copazo de los de toda la vida.

Tupperware, es un colorido local de dos plantas que está ubicado en la Corredera de San Pablo, sin duda un punto de visita obligado en cualquier salida por la zona y lugar indispensable donde pinchar para cualquier DJ.

WHY NOT

¿Quién no ha bajado alguna vez esas escaleras para descubrir (y confirmar) que Madrid no duerme ni entre semana? El bar más concurrido de Chueca en los días en los que deberías quedarte en casa sigue fiel a sus golfas costumbres (San Bartolomé, 7).

Posee una de las decoraciones más barrocas de Madrid, tanto es así que puedes encontrar todo tipo de fotos de las diosas del celuloide en blanco y negro por sus paredes.

TONI 2

Sí, al que has ido más de una vez cuando cierra Why Not. El piano bar en el que el mismísimo Rufus Wainwright se sentó a tocar unos temas, en el que Mario Testino celebró una fiesta memorable… es también sinónimo de la genial decadencia que da vida a la noche madrileña. Sí, así es el Toni 2. Si no sabes cantar… ni lo intentes.

El suelo enmoquetado, camareros con pajarita, el Toni 2 es hogar para algún pianista que aquí entró a trabajar hace 25 años, y se quedó. Es un teatro a su manera, un encuentro de gentes de cualquier lugar de la sociedad en medio de la zona más parisina de Madrid, donde cada noche puedes estar rodeado de gente de todo tipo de ideología, artistas de primer nivel o jóvenes que lo descubren por primera vez.

CASA CAMACHO

Se trata de otro superviviente de Malasaña, este a la hora del vermut. En realidad, de los “yayos”, su famosísimo cóctel, mezcla de ginebra y vermut, que todo madrileño, nacido o de adopción, debería tomar al menos una vez en su vida. O dos.

Ubicado en la calle San Andrés, 4, es un bar de los de toda la vida. Su público es variopinto y sus camareros singulares.
En su interior, es pequeño, sin sitio para sentarse. No dejes de mirar su decoración, todo es retro, y si quieres ir al baño, te tocará atravesar la barra.

LA MINA

Durante décadas fue templo de peregrinación dominguero de los madrileños, que se desplazaban hasta Chamberí para tomar sus famosas gambas a la plancha. Ahora son los herederos de la familia los que han tomado las riendas del local. Y sigue hasta los topes a todas horas.

Esta antigua taberna abierta en los años 40, es famosa por sus raciones de gambas a la plancha, pinchos morunos, y la buena cerveza fría. La decoración es la misa que desde el siglo pasado, suelo de gres, barra de mármol, tinajas de cerámica… un lugar emblemático en el que sabes que cuando entras estás formando parte de la historia del barrio.

CAPITÁN

Epicentro del “pijerío” madrileño desde los 90, cuando los Hombres G todavía ponían la banda sonora a las noches de los niños bien de la capital. En realidad Capitán es un bar cuyas paredes, si hablasen, contarían mucho de la historia reciente de la ciudad. Y siguen haciéndolo.

Su nombre viene de un homenaje al Capitán América y al Capitán Haddock (los dos creados, a kilómetros de distancia, en marzo de 1941). Especializados en organizar eventos, se describen como un bar de copas clásico, con buena música, billar, terraza y sobretodo muy buen ambiente.

EL PALENTINO

Tan fundamental es para entender Madrid que incluso Álex de la Iglesia lo utilizó como referente para su película “El Bar”. El día que a alguien se le ocurra reformarlo, actualizarlo o cualquier otra barbaridad… es probable que haya más de una manifestación por la calle Pez.

Y es que Madrid no tiene nombre sin El Palentino, es el bar madrileño por excelencia, el de la larga barra de zinc, las cañas bien tiradas y baratas, los cafés en vaso y el olor constante a pepito de ternera. Y su encanto está en que todo es igual desde que un señor de Palencia lo abrió allá por 1942.

MOLOKO

Este año celebra su 20 aniversario y, aunque no parezca tanto tiempo, es mucho, muchísimo, en una ciudad en la que todo cambia de una temporada a otra. Este templo de Conde Duque empezó siendo de veinteañeros, luego de treintañeros y ahora, claro, son los cuarentañeros (nada de cuarentones) los que siguen fieles a su bar indie de siempre. Ese en el que suena una de Pulp y todo el mundo la canta sin fallar una sola estrofa.

Ubicado en la calle Quiñones, 12, su nombre viene del Moloko Sound Club, en homenaje al cóctel con el que regaban sus noches de violencia los protagonistas de La naranja mecánica.

¿Qué locales son tus imprescindibles para moverte por Madrid?